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Terra
La Coctelera

UNA MUJER ME ESPERA

Una mujer me espera,
dijo Whitman,
hacedora de poemas
en su carne

desnuda
y de alas azules
en su espalda
y sus talones,
alucinante

en la arquitectura
de sus complicidades

jubilosas,
una locomotora
en los rieles

de vías férreas
de mi espíritu libre
de polinesio
bajo

los cocoteros
plácidos;
una mujer me espera
y

yo
quiero
que

seas

la
que
me
espere.

Días de lluvia

Crujieron las ventanas
en esas noches
de tormenta,
el planeta entero

olía a aguacero
arrogante,

inabarcable
como una migración

de millones de aves,
cuando todo

era vendaval desfalleciente,
extravagante,

inexplicable,
estornudaban los sapos,
y el catarro

en los renacuajos era cosa seria,
aquel invierno
fue de una soledad

llena de lluvia,
una incertidumbre

sin nombres
ni apellidos
ni sombreros

ni cabezas
ni ideas,
sólo paraguas;
y eran terroristas
los que perseguían

a los terroristas
y un tableteo de ametralladoras
llenaba de miedo

los corazones
que parecían harapos

dolorosos en la guerra,
y los niños soltaban
sus barcos de papel

en las acequias,
a los canales torrentosos,
a las zanjas

con cantos gregorianos
de ranas,
y yo

no me podía dormir
sin tu sueño,
sin tu ráfaga de besos,
sin el ministerio,

el sermón
de tus gemidos desnudos
y el protocolo

de caricias tempestuosas,
mientras el agua

desbordaba
las tinieblas del llanto
haciendo océanos,
y una sirena

helaba las almas
de sangre que se diluía
en la corriente ligera

de las calles suburbanas;
y yo te amaba
y sabías a castañas dulces,

a nueces,
a inapelable,
alevoso

deseo extenuado
de devorar

nuestros labios
sin tregua
y éramos dos islas

indefensas
en el río de la noche inoxidable;
así pasaron las horas,

las semanas,
los meses,
desbordados,

moribundos,
avergonzados,
mojados

hasta la humillación,
insepultos,
clavándonos

con las uñas
a los poros,
y nos morimos
ahogados

en la humedad del granizo
que caía,
y de nuestros cuerpos

de barca
que el naufragio

de los días
desguazó hacia el olvido
de un tiempo
que preferimos
no recordar.

Dragones de Komodo (poemasdeamor están en Enfemenino)

Suponiendo que las fábulas
donde hablan

las hienas
y los chacales sonríen,
donde

los dragones de Komodo dicen "te quiero"
y las serpientes

regalan rosas
que tú les dices
que se las metan por el cuerpo,
nos dejaran moralejas
que uno

más bien las siente
como frases macabras,
aún así
me duele

tu desesperanza
en un futuro
del amor más bello,
porque ésa sonrisa linda
no deja

de ser triste,
aunque no la vea,
y la turbulenta rabia crepuscular
que grita

el estampido
de las bestias

de tu desengaño
busca la empuñadura
que mate un tiempo
en el que quieres renacer
como el sol

tras el eclipse,
y que en el páramo

de tu corazón
sin lluvia
renazca una sola flor
con el ribete

de la ternura
que dibujamos un día
cuando el dolor

era algo ajeno,
un gruñido

de aserraderos
que no nos tocaba,
y un billete de avión

no te salva,
y el que un automóvil

lo atropelle
tampoco,
y que salga el diecisiete negro menos,
y aunque sueñes
en el puro manantial

de las voces
del niño resucitado

que siempre hay en mí
no crees en nada,
pero en tus ojos

de miel
puedes endulzar la jalea,
la mermelada

de un verso
que aún no sé si contendrá
las mejores palabras semisecretas,
las alas de una mariposa
hermosa

y desconocida hasta ahora,
porque mi mente
aún es capaz del asombro
y la invención

y la aventura
y la alegría,
y no prometo nada
que dure más de cien años
o diez segundos,
porque sientes

como yo
y en tí aprendí a verme
en toda la dimensión
de

mi
perenne
tristeza.

La edad del Hielo

Te engañan tantas veces
que ya no crees en nada,
porque los impuestos
por única vez
se quedan para siempre;
porque las guerras
para desalojar a alguien
se vuelven guerras
para alojarse eternamente,
porque las interpretaciones
de un solo texto
son múltiples
según la conveniencia
de cada quién,
porque con dinero
todos son bellos
y les brotan los amigos
y compras
hasta la justicia
y la simpatia
y la imagen
y el amor
y la posteridad
y la entrada al cielo
por el lado de la puerta
de atrás del infierno,
y es mejor
no pensar y no ser bueno
si no quieres
que se te rían en la cara,
y prepárate
a que te desilusionen,
te mientan,
te hieran,
te llenen de promesas,
abusen de ti,
te condicionen,
desagradezcan todo,
te humillen,
bastardeen
los principios mas nobles,
te roben,
te maten,
vendan tus huesos,
te cubran de infamias,
violen tu confianza,
te agredan,
se ensañen
con tus caídas,
coman de tu mesa,
se acuesten en tu cama,
se lleven las sobras,
que nada les alcance,
que trepen,
que pisen,
que gobiernen
para un puñado de miserables
quete controlan a pleno,
que trepen,
que pisen,
se retuerzan,
que estrujen,
que repten,
que se arrastren,
se rian,
se babeen,
estornuden,
te inunden de microbios,
de virus,
de mugre,
de endemias,
de pandemias,
se olviden de Gomorra,
de Sodoma,
de Pompeya,
te pidan,
te rueguen,
te lloren,
te imploren,
se hagan las víctimas
del sistema,
traicionen
tu ayuda,
apóstoles
de la desesperanza que rasga,
que finjan cual hienas,
y sobrevivan
sobre cadáveres o ilusiones,
se disculpen,
y recen
y a golpes
de pecholes echen la culpa
a los demás,
al universo,
a sus padres,
sus parejas,
sus colegios,
sus entornos,
a sus sicólogos,
sus reyes,
sus diputados,
a sus hijos,
a la vida,
a ese gran culpable que es el diablo (pobrecito)
que los tienta,
los empuja,
que se esconde,
los incita,
los seduce;
de rodillas se prosternan
ante un Dios que los perdone
y justifique
cada acto,
por absurdo que parezca,
testimonian que violaron,
destruyeron,
se drogaron,
insultaron a sus madres,
malvivieron
y robaron
y estafaron
y fingieron
y mataron,
porque alguien
-nunca ellos- fue culpable,
y ahora abrieron esa alma corrompida
y se curaron,
y sanados
y elevados
(por un diezmo,
y muchos diezmos)
en la calle,
cuando salen,
te atropellan,
y maltratan,
te maldicen
pero ahora,
bendecidos,
y a la historia la escriben como quieren,
porque todo
puede probarse
o negarse
si es que cuentas
con un buen abogado,
uno o muchos,
es posible hasta el mal más malvado
explicarlo,
justifican lo que sea,
y te invaden,
y te quitan,
la moral es cosa seria
y aburrirse no se acepta,
inmorales,
amorales,
antiéticos,
codiciosos de medallas
que no valen,
que no sirven, que no aportan,
y si muerden de la mano
que les dio de comer,
nada interesa,
todo vale,
no es la ley del más fuerte,
sino
del canalla más canalla,
del infame más infame,
del peor de los peores,
del más malo de los malos,
y si mueres de hambre...
que te mueras!,
y si arruinan el planeta,
que se arruine!,
contamina,
ensucia,
rompe,
emponzoña,
quema,
arranca,
escupe,
envenena,
pega,
humilla,
y cada débil
que se cruce...que lo pisen!
o lo arrollen!,
despedaza
y sin limites,
ocupa,
invade,
arrasa,
reprodúcete,
reprodúcete,
reprodúcete,
reprodúcete,
reprodúcete,
come a los otros,
tala,
haz un desierto,
seca los campos,
poluciona,
asesina,
se necesita gente,
gente,
gente,
gente,
gente,
gente,
y más créditos,
que paguen más servicios financieros,
y mes a mes aporten
a los amos de los bancos,
disimulan,
te controlan,
te someten,
te descartan,
otra era del hielo nos alcanza,
ya esta aqui, ya ha llegado;
amor mio,
este amor,
que es tan nuestro nos calienta,
es lo único tibio,
puro,
limpio,
que existe en este mundo frío...

Jerusalén

Shakira o Gustavo Arenas saben que no miento.
Ahora los hechos parecen tervigersados a fuerza de repetirlos en la anècdota vacìa de las tardes.

Habìamos estado hablando de Hugh de Payens y los Templarios, del Corto Maltès y los Hospitalarios y fue inevitable recordar a Ricardo Corazòn de León y a Godofredo de Bouillòn y la carnicería cruzada al entrar a Jerusalèn degollando cuanto se les atravesara, con la sangre corriendo a borbotones por las calles de la ciudad santa, a la altura de los tobillos o màs arriba, segùn el cronista.

Era una tarde presagiante de lluvia, y problemas tècnicos habían demorado hasta el infinito una grabaciòn, por lo que nos refugiamos, cafè mediante, en una oficina desocupada del estudio, pletòrica de papeles, cables, polvo, y registros.

Shakira tenìa unos quince años, pero ya era una muchacha muy inteligente, a la que le habìa mostrado los libros de Whitman y Borges, y era capaz de hablar de filosofìa con argumentaciones muy valederas.

Gustavo creìa que las razones de los guerreros de la cruz para la masacre resultaban vàlidas, y explicò, no muy convincentemente para nosotros, los motivos personales, casi altruistas, de los guerreros de la Cruz.

Jerusalèn de entonces, nos dijo, no tenìa màs de un kilómetro cuadrado y era mucho màs pequeña que Antioquía, aunque fuertemente amurallada y con unos cuarenta mil defensores y el gobernador fatimí Iftikhar Ad-Daula antes del ataque resolviò expulsar miles de cristianos, envenenò todas la fuentes de agua cercanas y mandò mensajeros a Egipto pidiendo refuerzos.

El Jamsin, el viento abrasador del desierto soplò matando los rebaños y asolando a los atacantes con la sed y el hambre, y sin disponer de arietes ni torres para atacar con certeza de èxito.

Segùn Gustavo, un cura llamado Pedro Desiderio vio a un obispo fallecido, de nombre Ademaro, y en la visiòn, èste le dijo que querìa que los cruzados hicieran unos dìas de ayuno, y programaran una procesiòn descalzos, alrededor de los muros de Jerusalèn, y en nueve dìas tomarían la ciudad.

Los musulmanes se burlaron de la caravana de pies desnudos, mirando desde los alto de las torres .

Era una decisiòn de Dios, dijo nuestro amigo.

Obviamente Shakira no se iba a tragar ese clavo sin decir que Dios no podía estar de acuerdo con semejante carnicerìa, y que cuando Litoldo superò la muralla, pareciò màs una obra del diablo, ya que los salvajes pasaron y abrieron las puertas al grito de "¡Dios lo quiere. Dios està con nosotros!!!, destriparon a las mujeres, los ancianos, los niños; les rompieron el cuello, los arrojaron desde las murallas, o lanzaron a los bebès contra las paredes para verles estallar el cràneo y salir los cerebros; a otros los asaron vivos, los torturaron, o decapitaron al resto.
Nunca se vio nada igual, dijo el arzobispo Guillermo de Tiro.

Fue un baño atroz de sangre, "y de làgrimas" acotò el poeta Abdul Muzaffar.

Las ùltimas luces de la tarde habìan ido llenando de un aspecto fantasmal la oficina y nuestras caras
no parecìan las nuestras.

Un sopor extraño nos fue invadiendo, y descubri que mi voz y las voces de ellos, parecìan un eco inintelegible.

Difuminados los colores, tornaron a tonos pasteles un tanto apagados, y parecìamos estar envueltos en una bruma ancestral, en las miasmas de sitios cenagosos, mientras no podìamos dejar de hablar
de las visiones y de Tancredo y Raymon de Tolosa, de Bohemundo, de Gualterio Sin Hogar, Pedro el Ermitaño o Roberto de Normandía.

Vi a Shakira con los ojos casi entrecerrados por una especie de modorra persistente, mientras los mìos se me empiyamaban asimismo.

Entonces algo pasò.

Casi al alcance de nuestras manos y a la vez, como algo lejanìsimo, comenzaron a verse figuras y a oirse voces y gritos casi inaudibles, inextricables, como salidos de la bruma de los tiempos.

Podìamos sentir en la piel el abrasivo de la arena del desierto, el olor a jinetes y caballos, la desesperaciòn y la agonìa del dolor màs antiguo.
En idiomas y acentos desconocidos se daban órdenes, se lanzaban arengas, se sentìa el lastimero pedido de ayuda, y una angustia incontrolable nos oprimìa los sentidos, nos lanzaba contra la pared, sujetàndonos a nuestras sillas, laceràndonos el pecho estrangulado por una imagen impiadosa, desconocida y terrible.

Todo daba vueltas, como en una borrachera innumerable e infinita.
No sè cuànto tiempo durò aquello.

Pareciò que que el reloj se hubiera detenido y las horas cupieran en minutos.

Vimos los tejidos de tela cruda, vimos los rostros sucios y trabajados, vimos las manos ajadas y asesinas y codiciosas, vimos un trozo de pasado que imaginamos Jerusalèn entre el 13 y 14 de julio de 1098.

Entonces oìmos un estrèpito y una voz pastosa y melancòlicamente risueña.

Todo se evaporò instantàneamente, como si el susto fuera para los intrusos de antaño y corrieran a refugiarse a su propio tiempo.

Apareciò en la puerta Juan Gabriel Turbay, preguntando no sè què tonterìa, y asegurando que estàbamos los tres con los ojos cerrados, en actitud profundamente meditativa o dormidos, quizàs.

Nos miramos.

-¿Vieron lo mismo que yo?- dijo uno, ya no sè quièn.

-Sííí- respondieron los otros dos al unísono.

Con los rostros pàlidos quedamos miràndonos por un rato que pareciò interminable.

A los meses fuimos a Viña del Mar, donde Shakira quedò tercera en el festival y Gustavo dirigiò la orquesta, cumpliendo un sueño de toda su vida.

No se hablò de lo ocurrido durante los dìas que durò el certamen.

No nos volvimos a ver, y cuando hace unos meses por el msn nos comunicamos con Gustavo, me contestò con evasivas y dijo que no recordaba el incidente, quizà desde que por una operaciòn tiene problemas con la memoria.

Mis viajes astrales

Todos mis amigos saben del desarrollo de mi parte extrasensorial, y la canalización de fenomenos síquicos que ello me conlleva.

He realizado muchos viajes astrales, desde que vi a un primo leyendo los libros de Lobsang Rampa, que como todos saben son pura superchería, y por ello me remití a otros, escritos por orientalistas sabios, como El Oso Yogui y el Kundalini Tántrico, El Kamasutra del Viaje Cósmico, el Dassayhatananga, y la Guia de los Viajeros del Mundo Ultraterreno.

Las experiencias que he vivido son innumerables.

Algunas las llevé a cabo en compañía de mi amiga Samira, médium colombiana, de pelos alborotados, que los usa para asustar a los espíritus retorcidos, de esos que nunca faltan por ahí.

Investidos de fantasmas, nos fuimos a pasear por Madrid.

Samira dijo que conocia esa ciudad de cabo a rabo, de los tiempos en que se fue de polizon en la adolescencia.
Nos encontramos con Garcia Lorca, que andaba perdido.
-Oiga... ¿usted no se murio durante la guerra civil?- le dije.
-¿Que me mori...??? Je, tío, joder ! que sois gracioso...- me respondió, y se fue, abrazado de Salvador Dalí.

Una vez vimos junto a Ruby, otra síquica, unos Elefantes Azules, pero resulto ser la noche que nos emborrachamos con ajenjo y vodka.

Los viajes astrales son una gran forma de entretenimiento y sabiduría, aunque desde el 11 de septiembre, se han tomado muchas precauciones ante presuntos atentados hechos por almas en pena, y como la revisión es medio complicada por la etereidad de los cuerpos, la espera en los sitios de visados de Espiritus en tránsito, se ha vuelto insufrible.

Ni les digo en los países árabes, donde entre efrits y genios que vuelan en alfombras, se encuentran mucho espectros espías.

Los viajes astrales pueden hacerse en el espacio pero tambien el tiempo.

No recomiendo éstos últimos desde la vez que aparecí en plena carrera de las hordas de Genghis Khan.

Otra vez me encontre en un callejón oscuro, en un sitio llamado Whitechapel, junto a un grupo de prostitutas asustadas.

Al verme, se alarmaron más, y le dieron una rotunda paliza a mi cuerpo astral, al confundirlo con Jack el Destripador.

Pude huir de milagro.

Mi alma no es muy limpia que digamos.

Lo descubri al notar, que cada vez que entraba a darme una ducha, ella resolvía salir de mi cuerpo y echarse a vagabundear.

Una vez participó en el Festival de Buga, como representante de Pasto.
Carlos Montoya, que era el director y me conocía desde tiempo atras, descubrió el engaño.

-Ja... ¡el Capitán cantando....! ¡Eso no se lo cree nadie !- dijo, con cinismo-; le dejo pasar hasta que sea de Pasto, pero cantar, no.

Mi Espíritu logro engañarlo nuevamente, y se trepó al escenario de la Concha Acústica, con la ayuda de unos amigos que no sabian que no era yo, sino mi Alma.

Paula Cortes y Vivian Rengifo, amigas de siempre, la hicieron entrar por los camerinos, y la dejaron cantar una cancion de Fernando Abadía llamada "La Burundanga", lo cual despertó las sospechas de todos, y lo consideraron un impostor.

La experiencia de mi Espíritu por Buga no fue de la mejor.

Un cantante de la ciudad, Jose Nedio Soto, le rogó que necesitaba plata para el bus, y lastimeramente le quitó los últimos diez dólares que tenía.

Mi Alma no comió esa noche, y resolvió regresar, arrepentida.

La vez que estuve de novio con Alexandra, me fue mucho peor.

De manera descarada, mi Alma se puso a enamorar a una modelo bellísima, que habiamos visto una vez por televisión, lo cual me llevó a comprar su calendario en la que aparecía en un sitio que parecia el Paraíso, luego de un huracán que se llevó sus ropas, y las hojas de los árboles y las vides.

Mientras yo hacía buena letra con Alexandra, que era una mujer bravísima y bella, mi Alma enamoraba a ésta muchacha, regalándole chocolates, Cds de Juanes, libros de Paulo Coelho, e invitándola a comer fríjoles con garra, ya que ella era paisa, y se desvivía por ese plato.

Yo detesto todas esas cosas, pero parece que a la gente simple, le matan esos detalles.

El dia que aparecí en una de las paginas interiores de la Tv y Novelas, casi me caigo de espaldas.

Ahi estaba mi Espíritu materializado, en un beso que no admitia dudas el romance, con la modelo bellísima, aunque hueca, como le acoté, claramente, a Alexandra.

Ella no quiso entender razones, por más que le juré que había como una bruma, muy reconocible, alrededor del falso Capitán, que a mí los chocolates negros me fastidian y soy adicto al blanco, y que la comida de frijoles me resulta intragable, como los libros de Coelho, y las canciones de Juanes..

-¿Ah sí?- me dijo ella- ¿...y las modelos paisas????

-Prefiero las de Cali- le jure-, sin faltar a la verdad.

Alexandra rompió conmigo, y lo malo fue que cuando intenté aprovechar la situación con la modelo, ella me dijo que yo me comportaba mejor dias atrás, y que ahora era un pelmazo.

La transmigración de mi Espíritu me ha dado dolores de cabeza.

Una vez, mi Alma, resolvió meterse en una iglesia cristiana y suplantar a mi buen amigo, el pastor Aníbal Rivera.

Jerónimo, que cantaba ese dia, sospechó que había algo raro en el discurso del buen Aníbal, y sobre todo en las palabras: "-Maria era virgen , ja!", "-...dudo mucho que el apóstol Pablo...", "-...ese lambón de Pedro...", "...el desquiciado ese de Juan el Bautista...".

Se acercò, como un sabueso olfateador, y percibió algo en los ojos, que delató que mi Alma habia suplantado al buen pastor, ya que dijo:
-Mmmm, esos ojos los conozco....¿Cuándo encontrarás la Luz que el Señor te ha reservado para ti, y tu talento???. Deja de escribir esas chorradas de cuentos de misterios, y entrégate al Señor, ¡blasfemo!, que ya bastante tiempo, Adriana y yo, llevamos orando por ti, y nada de nada, sólo perder el tiempo...-

Ahí, mi Espíritu se asustó, y salió disparado del cuerpo de Aníbal, ya que uniendo sus manos, venía detrás Arturito Giraldo, un gran amigo, cantante cristiano, mas cansón que vendedor de seguros, en temas de la iglesia.

El fenómeno de mis viajes astrales es aún profundamente estudiado, dada mi actividad, y ha sido motivo de diversas conferencias y libros, por lo que no resta mucho para agregar.

Aún así, ningun juez ha aceptado que no fui yo el que se casó y se divorció, sino mi Espíritu, y que estoy dispuesto a entablarle un pleito, por daños y perjuicios.

AZOGUE

Cuando
ladran
los perros
de la ausencia
rueda
como el azogue
mi susto
gatuno
en la pradera
de tu vientre
y es
un ronroneo
la ternura
que llena
el libro
de los días
con su alfabeto
de besos.