Jerusalén
Shakira o Gustavo Arenas saben que no miento.
Ahora los hechos parecen tervigersados a fuerza de repetirlos en la anècdota vacìa de las tardes.
Habìamos estado hablando de Hugh de Payens y los Templarios, del Corto Maltès y los Hospitalarios y fue inevitable recordar a Ricardo Corazòn de León y a Godofredo de Bouillòn y la carnicería cruzada al entrar a Jerusalèn degollando cuanto se les atravesara, con la sangre corriendo a borbotones por las calles de la ciudad santa, a la altura de los tobillos o màs arriba, segùn el cronista.
Era una tarde presagiante de lluvia, y problemas tècnicos habían demorado hasta el infinito una grabaciòn, por lo que nos refugiamos, cafè mediante, en una oficina desocupada del estudio, pletòrica de papeles, cables, polvo, y registros.
Shakira tenìa unos quince años, pero ya era una muchacha muy inteligente, a la que le habìa mostrado los libros de Whitman y Borges, y era capaz de hablar de filosofìa con argumentaciones muy valederas.
Gustavo creìa que las razones de los guerreros de la cruz para la masacre resultaban vàlidas, y explicò, no muy convincentemente para nosotros, los motivos personales, casi altruistas, de los guerreros de la Cruz.
Jerusalèn de entonces, nos dijo, no tenìa màs de un kilómetro cuadrado y era mucho màs pequeña que Antioquía, aunque fuertemente amurallada y con unos cuarenta mil defensores y el gobernador fatimí Iftikhar Ad-Daula antes del ataque resolviò expulsar miles de cristianos, envenenò todas la fuentes de agua cercanas y mandò mensajeros a Egipto pidiendo refuerzos.
El Jamsin, el viento abrasador del desierto soplò matando los rebaños y asolando a los atacantes con la sed y el hambre, y sin disponer de arietes ni torres para atacar con certeza de èxito.
Segùn Gustavo, un cura llamado Pedro Desiderio vio a un obispo fallecido, de nombre Ademaro, y en la visiòn, èste le dijo que querìa que los cruzados hicieran unos dìas de ayuno, y programaran una procesiòn descalzos, alrededor de los muros de Jerusalèn, y en nueve dìas tomarían la ciudad.
Los musulmanes se burlaron de la caravana de pies desnudos, mirando desde los alto de las torres .
Era una decisiòn de Dios, dijo nuestro amigo.
Obviamente Shakira no se iba a tragar ese clavo sin decir que Dios no podía estar de acuerdo con semejante carnicerìa, y que cuando Litoldo superò la muralla, pareciò màs una obra del diablo, ya que los salvajes pasaron y abrieron las puertas al grito de "¡Dios lo quiere. Dios està con nosotros!!!, destriparon a las mujeres, los ancianos, los niños; les rompieron el cuello, los arrojaron desde las murallas, o lanzaron a los bebès contra las paredes para verles estallar el cràneo y salir los cerebros; a otros los asaron vivos, los torturaron, o decapitaron al resto.
Nunca se vio nada igual, dijo el arzobispo Guillermo de Tiro.
Fue un baño atroz de sangre, "y de làgrimas" acotò el poeta Abdul Muzaffar.
Las ùltimas luces de la tarde habìan ido llenando de un aspecto fantasmal la oficina y nuestras caras
no parecìan las nuestras.
Un sopor extraño nos fue invadiendo, y descubri que mi voz y las voces de ellos, parecìan un eco inintelegible.
Difuminados los colores, tornaron a tonos pasteles un tanto apagados, y parecìamos estar envueltos en una bruma ancestral, en las miasmas de sitios cenagosos, mientras no podìamos dejar de hablar
de las visiones y de Tancredo y Raymon de Tolosa, de Bohemundo, de Gualterio Sin Hogar, Pedro el Ermitaño o Roberto de Normandía.
Vi a Shakira con los ojos casi entrecerrados por una especie de modorra persistente, mientras los mìos se me empiyamaban asimismo.
Entonces algo pasò.
Casi al alcance de nuestras manos y a la vez, como algo lejanìsimo, comenzaron a verse figuras y a oirse voces y gritos casi inaudibles, inextricables, como salidos de la bruma de los tiempos.
Podìamos sentir en la piel el abrasivo de la arena del desierto, el olor a jinetes y caballos, la desesperaciòn y la agonìa del dolor màs antiguo.
En idiomas y acentos desconocidos se daban órdenes, se lanzaban arengas, se sentìa el lastimero pedido de ayuda, y una angustia incontrolable nos oprimìa los sentidos, nos lanzaba contra la pared, sujetàndonos a nuestras sillas, laceràndonos el pecho estrangulado por una imagen impiadosa, desconocida y terrible.
Todo daba vueltas, como en una borrachera innumerable e infinita.
No sè cuànto tiempo durò aquello.
Pareciò que que el reloj se hubiera detenido y las horas cupieran en minutos.
Vimos los tejidos de tela cruda, vimos los rostros sucios y trabajados, vimos las manos ajadas y asesinas y codiciosas, vimos un trozo de pasado que imaginamos Jerusalèn entre el 13 y 14 de julio de 1098.
Entonces oìmos un estrèpito y una voz pastosa y melancòlicamente risueña.
Todo se evaporò instantàneamente, como si el susto fuera para los intrusos de antaño y corrieran a refugiarse a su propio tiempo.
Apareciò en la puerta Juan Gabriel Turbay, preguntando no sè què tonterìa, y asegurando que estàbamos los tres con los ojos cerrados, en actitud profundamente meditativa o dormidos, quizàs.
Nos miramos.
-¿Vieron lo mismo que yo?- dijo uno, ya no sè quièn.
-Sííí- respondieron los otros dos al unísono.
Con los rostros pàlidos quedamos miràndonos por un rato que pareciò interminable.
A los meses fuimos a Viña del Mar, donde Shakira quedò tercera en el festival y Gustavo dirigiò la orquesta, cumpliendo un sueño de toda su vida.
No se hablò de lo ocurrido durante los dìas que durò el certamen.
No nos volvimos a ver, y cuando hace unos meses por el msn nos comunicamos con Gustavo, me contestò con evasivas y dijo que no recordaba el incidente, quizà desde que por una operaciòn tiene problemas con la memoria.

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sashimi dijo
Hola mi capi !!!!!
estoy tratando de entender la historia,ya entrara en mi cabecita....
capi,y tu poesia,o aqui no escribes poesia ?????
yo me cambie y deje mi casita solita,solita,no he vuelto a pasar por ahi,tu si ???
cariños mi capi,espero me deleites con tus hermosos poemas....
besitos.
8 Febrero 2007 | 02:50 PM